PADRE



Padre

23 de marzo de 2009 · 5 min de lectura

Cuando te nombro, toda duda se desvanece y vuelvo a sonreír. ¡Qué cerca estás y qué lejos te siento cuando te ofendo!

Me has enseñado que en la vida estamos para ser felices y que los sueños pueden hacerse realidad. Te pido que bajes tus ojos hacia mí y me tiendas tu mano. Quiero caminar el tiempo que dure mi andar por estas tierras, siempre muy cerca de tu lado.

No permitas que me separe de ti. Dile al Padre que está en los cielos que esta oveja perdida vuelve al redil. Describiré por ti y para ti, y volveré a ser feliz. Iniciaré este caminar junto a ti.

Hoy quiero compartir una carta que mi padre envió a un periódico hace ya muchos años. Sus palabras, escritas desde la experiencia y desde el corazón, adquieren un significado especial cada vez que las vuelvo a leer.

A mis queridos hijos, nietos y bisnietos

Los que hemos sufrido una guerra decimos que es lo peor que puede pasar. Los bombardeos, perderlo todo —aunque las cosas materiales no deberían importarnos tanto— y, sobre todo, quedar sin hogar. Luego vienen el hambre y los miles de muertos.

Conocí a una mujer a quien le mataron a sus diez hijos y a su marido.

Mi padre fue obligado a luchar en la guerra y lo tuvimos lejos de nosotros, durante mucho tiempo sin saber nada de él. Ver el sufrimiento de mi madre fue terrible.

Ahora, con lo que está pasando en el mundo, he recordado, como si hubiera sido ayer, aquella época tan terrible que marcó mi vida. Hasta hoy no soporto escuchar llorar a los niños, porque ese sonido me lleva nuevamente a aquellos interminables días de llanto.

Ruego a Dios, querida familia, que nunca tengan que pasar por lo que yo pasé. Les pido que oren por todos los que sufren en estos momentos.

Digamos un ¡NO! rotundo a las guerras, a las peleas entre matrimonios, entre hermanos y entre todos los seres humanos.

Con estas palabras quiero aportar un pequeño grano de arena. Recuerden que, estemos donde estemos, y aunque no pueda abrazarlos por la distancia que nos separa, los llevo a todos y a cada uno en mi corazón.

Sé que Dios existe y que nos ama.

Les envío muchas bendiciones a todos ustedes y también a todos los amigos de esta página.

Y a ti, querida hija Isabelita, ya sabes que tu papá te adora.


Chileno y español

Mis padres, que eran chilenos, me llevaron a España en el año 1932. Después se arrepintieron, porque a mediados de 1936 estalló la Guerra Civil Española, que duró tres años.

Mi familia quedó en la ruina total. Perdieron todos sus bienes materiales y, llenos de amargura, decían:

«¿Por qué nos fuimos de Chile?»

De todos modos, tuvimos suerte y no perdimos la vida, algo que sí les ocurrió a muchas otras familias.

En aquella maldita guerra murieron más de un millón de personas. Sin embargo, en medio de tanta tragedia ocurrió algo que jamás olvidaré: la aparición del Niño Jesús.

Les voy a contar cómo sucedió.

Yo tenía once años y, al inicio de la guerra, vivía en el pueblo de Tortosa, en la provincia de Cataluña.

Un día pasé caminando frente a una iglesia. Varios hombres estaban sacando imágenes de santos y arrojándolas a la calle. Uno de esos hombres puso una piedra en mi mano y me dijo:

—Quiero ver qué puntería tienes.

Entonces me mostró la imagen del Niño Jesús.

Aquello me produjo una gran angustia, pero lancé la piedra con la intención de no darle. Sin embargo, tuve tan mala suerte que la piedra golpeó la imagen y la rompió en mil pedazos.

El hombre se rio y me dijo:

—¡Tienes buena puntería!

Me fui de aquel lugar profundamente amargado.

Pasaron varios meses y, una noche, atravesaba un amplio patio para dirigirme a una habitación interior donde iba a dormir. Llevaba una vela encendida, porque, debido a los bombardeos, no había electricidad.

En ese momento tuve una gran sorpresa.

Se me apareció el Niño Jesús.

Era de mi tamaño y avanzaba hacia mí con los brazos abiertos, como si quisiera abrazarme.

Sentí un escalofrío y, al mismo tiempo, una enorme alegría. Jamás lo olvidaré. Fue algo maravilloso, una visión extraordinaria que dejó en mí un recuerdo imborrable para toda la vida.

Sentí que había sido perdonado.

Aquella experiencia me ha hecho reflexionar profundamente y, de alguna manera, me ha ayudado a enfrentar y aceptar los problemas que han ido surgiendo a lo largo de mi vida.

Soy muy feliz de haber sido testigo de aquella aparición de Jesús.

Reflexiones

Dios es supremo. Es lo máximo en todo, mucho más de lo que podemos imaginar o comprender. Lo que sí podemos percibir es el enorme cariño que tiene por todos los seres humanos.

Dios nos envió a su Hijo, Jesús, para salvarnos a todos.

Jesús ya está dentro del alma de cada uno de nosotros, aunque muchos no lo sepan. Está allí para ayudarnos en lo espiritual y para hacernos comprender cómo debemos comportarnos y actuar en nuestra vida, con la esperanza de que, en nuestra segunda vida, que será eterna, podamos ser recibidos en el Paraíso celestial.

Ese es el lugar de la auténtica felicidad, donde nos esperan Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; los ángeles y, además, todos nuestros familiares fallecidos. Allí nos espera una inmensa alegría, una felicidad tan completa que no somos capaces de imaginarla.

Debemos tener siempre presente lo que Jesús hizo por nosotros. Él es omnipotente, pero aceptó ser sacrificado y crucificado para darnos un ejemplo que debemos seguir.

Tenemos que reflexionar profundamente para no caer en las malas tentaciones. Debemos ser buenos de corazón y no actuar con hipocresía ni encerrarnos en mentalidades equivocadas.

Según mis observaciones, uno de los problemas más graves y difíciles de controlar se encuentra en las relaciones entre las personas. Muchas veces, especialmente dentro de los matrimonios, tanto el hombre como la mujer creen tener la razón. Los comentarios y las discusiones pueden provocar malas reacciones y traer consecuencias dolorosas: la pérdida del amor, el resentimiento, el odio y, finalmente, la separación de las parejas.

Así se destruyen los hogares y las familias.

Esto es muy triste y constituye, además, un mal ejemplo. Lo mejor que podemos hacer es evitar las discusiones. No conviene pelear; debemos buscar la paz y la tranquilidad.

Yo consigo hacerlo pensando en Jesús. Él, siendo todopoderoso, aceptó el maltrato y la crucifixión para darnos un ejemplo de comportamiento y enseñarnos cómo debemos reaccionar ante las dificultades de esta vida.

Esto nos demuestra que Jesús nos ofrece una fuente maravillosa de sabiduría y una gran fuerza interior para soportar todos los problemas que se nos presenten durante nuestra vida terrenal.

Ese es el verdadero camino que todos debemos seguir:

Amar a Jesús y amarnos los unos a los otros como Él nos ama.

La Vejez

  


Invitación para el grupo taller teatro terapia

Isabel Costa (Monitora teatro terapia)

La vejez no es el final.
Es otra forma de estar en el mundo.

El cuerpo cambia, sí…
pero por dentro, la vida sigue hablando.

Sigue recordando,
sigue sintiendo,
sigue deseando.

Y sin embargo, a veces,
la mirada de los otros se aleja…
como si la historia ya estuviera escrita.

Pero no.

Mientras haya memoria, hay presente.
Mientras haya palabra, hay vida.

Cada uno de ustedes
es un relato vivo,
una historia que aún se está escribiendo.


 Invitación al trabajo grupal

Hoy los invito a hacer algo juntos:

Tomar esas historias,
esas memorias,
esas emociones que habitan en ustedes…

y darles forma.

Transformarlas en escenas,
en voces,
en un guion que nos represente.

No para mostrar perfección,
sino para decir,
para compartir,
para existir juntos en la palabra.

Porque la vejez, aquí,
no es silencio; Es creación. 


______________________________________________________________________________


Me llegará lentamente
Y me hallará distraído
Probablemente dormido
Sobre un colchón de laureles
Se instalará en el espejo
Inevitable y serena
Y empezará su faena
Por los primeros bosquejos
Con unas hebras de plata
Me pintará los cabellos
Y alguna línea en el cuello
Que tapará la corbata
Aumentará mi codicia
Mis mañas y mis antojos
Y me dará un par de anteojos
Para sufrir las noticias
La vejez
Está a la vuelta de cualquier esquina
Allí, donde uno menos se imagina
Se nos presenta por primera vez
La vejez
Es la más dura de las dictaduras
La grave ceremonia de clausura
De lo que fue la juventud alguna vez
Con admirable destreza
Como el mejor artesano
Le irá quitando a mis manos
Toda su antigua firmeza
Y asesorando al galeno
Me hará prohibir el cigarro
Porque dirán que el catarro
Viene ganando terreno
Me inventará un par de excusas
Para amenguar la impotencia
Que vale más la experiencia
Que pretensiones ilusas
Me llegará la bufanda
Las zapatillas de paño
Y el reuma que año tras año
Aumentará su demanda
La vejez, es la antesala de lo inevitable
El último camino transitable
Ante la duda, ¿qué vendrá después?
La vejez, es todo el equipaje de mi vida
Dispuesto ante la puerta de salida
Por la que no se puede ya volver
A lo mejor, más que viejo
Seré un anciano honorable
Tranquilo y lo más probable
Gran decidor de consejos
O a lo peor, por celosa
Me apartará de la gente
Y cortará lentamente
Mis pobres últimas rosas
La vejez
Está a la vuelta de cualquier esquina
Allí, donde uno menos se imagina
Se nos presenta por primera vez
La vejez
Es la más dura de las dictaduras
La grave ceremonia de clausura
De lo que fue la juventud... alguna vez

Reflexión El Perdón

 El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones






Padre

23 de marzo de 2009 · 5 min de lectura

Cuando te nombro, toda duda se desvanece y vuelvo a sonreír. ¡Qué cerca estás y qué lejos te siento cuando te ofendo!

Me has enseñado que en la vida estamos para ser felices y que los sueños pueden hacerse realidad. Te pido que bajes tus ojos hacia mí y me tiendas tu mano. Quiero caminar el tiempo que dure mi andar por estas tierras, siempre muy cerca de tu lado.

No permitas que me separe de ti. Dile al Padre que está en los cielos que esta oveja perdida vuelve al redil. Describiré por ti y para ti, y volveré a ser feliz. Iniciaré este caminar junto a ti.

Hoy quiero compartir una carta que mi padre envió a un periódico hace ya muchos años. Sus palabras, escritas desde la experiencia y desde el corazón, adquieren un significado especial cada vez que las vuelvo a leer.

A mis queridos hijos, nietos y bisnietos

Los que hemos sufrido una guerra decimos que es lo peor que puede pasar. Los bombardeos, perderlo todo —aunque las cosas materiales no deberían importarnos tanto— y, sobre todo, quedar sin hogar. Luego vienen el hambre y los miles de muertos.

Conocí a una mujer a quien le mataron a sus diez hijos y a su marido.

Mi padre fue obligado a luchar en la guerra y lo tuvimos lejos de nosotros, durante mucho tiempo sin saber nada de él. Ver el sufrimiento de mi madre fue terrible.

Ahora, con lo que está pasando en el mundo, he recordado, como si hubiera sido ayer, aquella época tan terrible que marcó mi vida. Hasta hoy no soporto escuchar llorar a los niños, porque ese sonido me lleva nuevamente a aquellos interminables días de llanto.

Ruego a Dios, querida familia, que nunca tengan que pasar por lo que yo pasé. Les pido que oren por todos los que sufren en estos momentos.

Digamos un ¡NO! rotundo a las guerras, a las peleas entre matrimonios, entre hermanos y entre todos los seres humanos.

Con estas palabras quiero aportar un pequeño grano de arena. Recuerden que, estemos donde estemos, y aunque no pueda abrazarlos por la distancia que nos separa, los llevo a todos y a cada uno en mi corazón.

Sé que Dios existe y que nos ama.

Les envío muchas bendiciones a todos ustedes y también a todos los amigos de esta página.

Y a ti, querida hija Isabelita, ya sabes que tu papá te adora.


Chileno y español

Mis padres, que eran chilenos, me llevaron a España en el año 1932. Después se arrepintieron, porque a mediados de 1936 estalló la Guerra Civil Española, que duró tres años.

Mi familia quedó en la ruina total. Perdieron todos sus bienes materiales y, llenos de amargura, decían:

«¿Por qué nos fuimos de Chile?»

De todos modos, tuvimos suerte y no perdimos la vida, algo que sí les ocurrió a muchas otras familias.

En aquella maldita guerra murieron más de un millón de personas. Sin embargo, en medio de tanta tragedia ocurrió algo que jamás olvidaré: la aparición del Niño Jesús.

Les voy a contar cómo sucedió.

Yo tenía once años y, al inicio de la guerra, vivía en el pueblo de Tortosa, en la provincia de Cataluña.

Un día pasé caminando frente a una iglesia. Varios hombres estaban sacando imágenes de santos y arrojándolas a la calle. Uno de esos hombres puso una piedra en mi mano y me dijo:

—Quiero ver qué puntería tienes.

Entonces me mostró la imagen del Niño Jesús.

Aquello me produjo una gran angustia, pero lancé la piedra con la intención de no darle. Sin embargo, tuve tan mala suerte que la piedra golpeó la imagen y la rompió en mil pedazos.

El hombre se rio y me dijo:

—¡Tienes buena puntería!

Me fui de aquel lugar profundamente amargado.

Pasaron varios meses y, una noche, atravesaba un amplio patio para dirigirme a una habitación interior donde iba a dormir. Llevaba una vela encendida, porque, debido a los bombardeos, no había electricidad.

En ese momento tuve una gran sorpresa.

Se me apareció el Niño Jesús.

Era de mi tamaño y avanzaba hacia mí con los brazos abiertos, como si quisiera abrazarme.

Sentí un escalofrío y, al mismo tiempo, una enorme alegría. Jamás lo olvidaré. Fue algo maravilloso, una visión extraordinaria que dejó en mí un recuerdo imborrable para toda la vida.

Sentí que había sido perdonado.

Aquella experiencia me ha hecho reflexionar profundamente y, de alguna manera, me ha ayudado a enfrentar y aceptar los problemas que han ido surgiendo a lo largo de mi vida.

Soy muy feliz de haber sido testigo de aquella aparición de Jesús.

Reflexiones

Dios es supremo. Es lo máximo en todo, mucho más de lo que podemos imaginar o comprender. Lo que sí podemos percibir es el enorme cariño que tiene por todos los seres humanos.

Dios nos envió a su Hijo, Jesús, para salvarnos a todos.

Jesús ya está dentro del alma de cada uno de nosotros, aunque muchos no lo sepan. Está allí para ayudarnos en lo espiritual y para hacernos comprender cómo debemos comportarnos y actuar en nuestra vida, con la esperanza de que, en nuestra segunda vida, que será eterna, podamos ser recibidos en el Paraíso celestial.

Ese es el lugar de la auténtica felicidad, donde nos esperan Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; los ángeles y, además, todos nuestros familiares fallecidos. Allí nos espera una inmensa alegría, una felicidad tan completa que no somos capaces de imaginarla.

Debemos tener siempre presente lo que Jesús hizo por nosotros. Él es omnipotente, pero aceptó ser sacrificado y crucificado para darnos un ejemplo que debemos seguir.

Tenemos que reflexionar profundamente para no caer en las malas tentaciones. Debemos ser buenos de corazón y no actuar con hipocresía ni encerrarnos en mentalidades equivocadas.

Según mis observaciones, uno de los problemas más graves y difíciles de controlar se encuentra en las relaciones entre las personas. Muchas veces, especialmente dentro de los matrimonios, tanto el hombre como la mujer creen tener la razón. Los comentarios y las discusiones pueden provocar malas reacciones y traer consecuencias dolorosas: la pérdida del amor, el resentimiento, el odio y, finalmente, la separación de las parejas.

Así se destruyen los hogares y las familias.

Esto es muy triste y constituye, además, un mal ejemplo. Lo mejor que podemos hacer es evitar las discusiones. No conviene pelear; debemos buscar la paz y la tranquilidad.

Yo consigo hacerlo pensando en Jesús. Él, siendo todopoderoso, aceptó el maltrato y la crucifixión para darnos un ejemplo de comportamiento y enseñarnos cómo debemos reaccionar ante las dificultades de esta vida.

Esto nos demuestra que Jesús nos ofrece una fuente maravillosa de sabiduría y una gran fuerza interior para soportar todos los problemas que se nos presenten durante nuestra vida terrenal.

Ese es el verdadero camino que todos debemos seguir:

Amar a Jesús y amarnos los unos a los otros como Él nos ama.

_____________________________________________________________________________



El problema del perdón a uno mismo suele ser más difícil que perdonar a otros, porque ahí no hay distancia:
la persona convive todos los días con aquello que siente que “falló”, “hizo mal” o “debió haber hecho distinto”.



Cuando alguien dice “no puedo avanzar porque no me perdono”, en el fondo suele haber:

  • Culpa persistente (“fue mi responsabilidad”)
  • Auto juicio muy duro (“no debí haber sido así”)
  • Vergüenza (“no soy digno/a de estar en paz”)
  • Identificación con el error (“yo soy eso que hice”)

Y ahí está el nudo más importante:


No logran separar lo que hicieron… de lo que son.


 Una idea clave para trabajar con el grupo


“Cometí errores… pero no soy mis errores.”

Porque muchas personas viven como si el pasado fuera una condena,
cuando en realidad debería ser una experiencia integrada, no una cárcel.


 Propuesta sencilla y muy potente para el taller

Te dejo un ejercicio que puede tocar esto sin forzar:

 “Diálogo con uno mismo en el pasado”

Material: una silla vacía

  1. La persona se sienta frente a la silla.
  2. Imagina que ahí está “su yo del pasado” (el que cometió el error).
  3. Primero habla desde el presente:
    • “Esto es lo que me dolió…”
    • “Esto es lo que no he podido soltar…”
  4. Luego cambia de silla y responde como ese “yo del pasado”:
    • ¿Qué sentía en ese momento?
    • ¿Qué necesitaba?
    • ¿Qué no sabía aún?
  5. Vuelve a su lugar original y cierra con una frase:
    • “Hoy elijo…”
    • “Hoy entiendo que…”
_________________________________________________________________________________


Videos de interés


1_        Que es el perdón

2_        Jesús y el perdón








Lo que hablamos, lo que callamos



                        Lo que hablamos, lo que callamos






EJEMPLOS PARA EL TALLER
(Luego con el grupo se buscan distintos ejemplos en donde podremos trabajar el tema)




                       Escena: “No estaba en tus manos”

Personajes:

  • Marta (80)
  • Luis (83)

Detrás (sombras vivas):

  • Culpa (muy presente, pegada a Marta)
  • Miedo (la contiene)
  • Amor (lejano al inicio)

 Inicio (lo cotidiano que esconde)

(Ambos sentados. No miran al público.)

Luis:
Hoy hizo frío en la mañana.

Marta:
Sí… ya no es como antes el verano.

(Silencio corto)

Luis:
¿Dormiste bien?

Marta (evasiva):
A ratos.

(La Culpa se acerca a Marta, casi abrazándola por la espalda.)


 Rodeo (aparece la grieta)

Marta:
Soñé con mi hermana…

(Luis no responde de inmediato. Escucha.)

Marta (rápido, como arrepintiéndose):
Hace años que no soñaba con ella.

Luis:
A veces vuelven… cuando algo quiere salir.

(La Culpa se mueve inquieta.)


 La carga (emerge el dolor)

Marta (mirando sus manos):
Yo pude haber hecho algo…

(Silencio. Luis no interrumpe.)

Marta:
Ese día…
si yo no me hubiera ido…

(El Miedo aparece, como intentando callarla.)

Luis (suave):
Marta…

Marta (por primera vez con emoción contenida):
¡No me detengas!
Nunca hablo de esto…

(Silencio denso. Las figuras se acercan.)


 Quiebre (la culpa se nombra)

Marta:
Ella me necesitaba…
y yo elegí irme.

(La Culpa ahora está completamente sobre ella.)

Marta (casi en susurro):
Si me hubiera quedado…
tal vez…

(No puede terminar la frase.)


 Intervención (la verdad que libera)

(Luis la mira con profundidad. No la corrige de inmediato.)

Luis:
¿Sabías lo que iba a pasar?

Marta (confundida):
No…

Luis:
¿Alguien te dijo que si te ibas… eso ocurriría?

Marta:
No…

Luis (muy claro, muy humano):
Entonces no era una elección…
era una vida que seguía.

(La Culpa duda, retrocede un poco.)


 Comprensión (reordenar la historia)

Marta (quebrada):
Pero yo siento que la abandoné…

Luis:
Sentir no siempre es lo mismo que haber hecho.

(Silencio)

Luis:
Hiciste lo que podías…
con lo que sabías…
en ese momento.

(El Amor comienza a acercarse lentamente.)


 Liberación (abrir una puerta)

Marta (llorando en silencio):
He vivido tantos años…
pensando que fue mi culpa.

Luis:
Tal vez no es culpa…
tal vez es dolor que no encontraste dónde dejar.

(La Culpa se disuelve un poco. No desaparece, pero pierde fuerza.)


 Cierre

Marta (respira distinto):
Nunca lo había dicho en voz alta.

Luis (con ternura):
A veces…
decirlo cambia el peso.

(Se miran. Por primera vez, hay alivio.)

(Oscuro lento. Las sombras quedan, pero transformadas.)


 Clave para el taller


“Juzgar el pasado con la conciencia del presente”
vs
“Comprender el pasado desde las posibilidades reales de ese momento”

Reflexión grupal:

  • ¿Qué culpa he cargado que tal vez no me pertenece?
  • ¿Qué no estaba en mis manos… aunque lo sentí así?
_________________________________________________________________________________

Para Reflexionar



La frase "lo que hablamos lo que callamos" refleja la idea de que nuestras palabras silencios tienen un impacto significativo en nuestras relaciones percepción de nosotros mismos.


  • La muerte y la vida están en poder de la lengua.”
    (Proverbios 18:21)
  • “La respuesta amable calma el enojo, pero la palabra áspera aumenta la ira.”
    (Proverbios 15:1)
  • “El corazón del sabio hace prudente su boca.”
    (Proverbios 16:23)
  • “Las palabras suaves son como panal de miel: dulces al alma y medicina para el cuerpo.”
    (Proverbios 16:24)

  • Proverbios 12:18 – Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.



  • El propósito de vida: Lecciones de "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl

     

    “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas — elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias.”


     




    El hombre en busca de sentido es una obra profundamente conmovedora y reflexiva escrita por el psiquiatra austríaco Viktor Frankl.

     ¿De qué trata?

    El libro combina dos dimensiones:

    1. Testimonio personal
      Frankl relata su experiencia como prisionero en campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Describe el sufrimiento extremo, la pérdida, el hambre y la deshumanización… pero también observa algo crucial:
      👉 quienes encontraban un sentido para vivir tenían más probabilidades de resistir.


    2. Reflexión psicológica: la logoterapia
      A partir de esa vivencia, Frankl desarrolla su enfoque terapéutico, llamado logoterapia, que sostiene que:

      La principal motivación del ser humano es la búsqueda de sentido.

      ______________________________________________________________________

      Ideas clave del libro

      • El sentido es personal
        No existe un significado universal; cada persona debe descubrir el suyo.
      • Libertad interior
        Incluso en las peores condiciones, el ser humano conserva la libertad de elegir su actitud.
      • El sufrimiento también puede tener sentido
        No se trata de buscar el dolor, sino de darle un significado cuando es inevitable.
      • Tres caminos para encontrar sentido:
        • A través de lo que hacemos (creación, trabajo).
        • A través de lo que experimentamos (amor, belleza).
        • A través de la actitud ante el sufrimiento. 
    _______________________________________________________________________________

    “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas — elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias.”

    ___________________________________________________________________________________


    Para el Taller Teatro Terapia:    



    Actividad: “A pesar de todo, elijo…”

     Objetivo

    Explorar experiencias de vida difíciles y resignificarlas desde la libertad interior y el sentido personal.


    1. Apertura (10–15 min)

    Puedes iniciar leyendo en voz alta esta idea de Viktor Frankl:

    “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo la actitud con la que enfrenta su destino.”

    Luego preguntas suaves al grupo:

    • ¿Creen que esto es cierto?
    • ¿Han vivido momentos en que no pudieron cambiar lo que pasaba, pero sí cómo enfrentarlo?

    (Deja que hablen libremente, sin forzar.)


     2. Escritura íntima (15–20 min)

    Invítalos a escribir desde esta consigna:

    “Recuerda un momento difícil de tu vida. No lo describas solo como dolor… sino pregúntate: ¿qué aprendí?, ¿qué me sostuvo?, ¿qué sentido tiene hoy?”

    Opcional:

    • Pueden escribir en primera persona o como si fueran un personaje.
    • También pueden dibujar si alguien no quiere escribir.

     3. Puesta en escena (20–30 min)

    Propuesta simple y muy potente:

    • Formar pequeños grupos (2–3 personas).
    • Cada uno comparte lo que escribió (solo si quiere).
    • Luego crean una miniescena basada en una de las historias.

     Clave teatral:
    La escena debe mostrar dos momentos:

    1. El momento difícil.
    2. El momento en que aparece una decisión interna (aunque sea pequeña).

     4. El gesto del sentido (cierre simbólico) (10–15 min)

    Cada participante completa en voz alta (o en papel):

    “A pesar de todo lo vivido, hoy elijo…”

    (Ejemplos que pueden surgir:)

    • “seguir acompañando”
    • “reírme más”
    • “no quedarme en la tristeza”
    • “valorar lo que tengo”

    Cerrar con una pequeña reflexión:
    El sentido no siempre está en lo que nos pasó, sino en lo que hacemos con eso.


     Sugerencias importantes para cuidar el espacio

    • No obligar a compartir experiencias dolorosas.
    • Validar todas las emociones (incluido el silencio).
    • Si alguien se emociona, sostener sin apurar.
    • Recordar que no buscamos “historias bonitas”, sino historias verdaderas con significado.

     Posible continuidad

    En otro encuentro, podríamos:

    • Transformar estas escenas en un guion colectivo.
    • Crear una obra basada en “decisiones internas”.
    • O trabajar el tema: “Lo que me sostuvo en la vida”.



    Autoayuda emocional Taller

    .




    “No siempre puedo elegir lo que me pasa, pero sí puedo aprender a elegir cómo lo llevo dentro de mí.”


    La autoayuda emocional es una excelente herramienta para recuperarnos de esas situaciones que nos dejan abatidos y nos hacen tocar fondo, como la pérdida de una persona amada o el rechazo de alguien significativo. También es una poderosa herramienta para lidiar mejor con los vaivenes cotidianos de la vida, de manera que nos generen menos estrés y ansiedad.

    Los recursos de autoayuda emocional nos ayudan a lidiar mejor con la adversidad, sanar nuestras heridas emocionales y, en última instancia, cambiar nuestra visión del mundo. Y a veces eso es todo lo que necesitamos para reencontrar nuestro equilibrio mental y seguir adelante.

     1. Escritura terapéutica

    Escribir lo que sentimos sin filtro ayuda a ordenar el mundo interno.

    • Puede ser un diario personal
    • Cartas que no se enviarán
    • Relatos de experiencias vividas

    Ideal para soltar emociones contenidas y darles sentido.


     2. Respiración consciente

    Detenerse a respirar de forma lenta y profunda regula el sistema nervioso.

    • Inhalar contando 4
    • Sostener 2
    • Exhalar en 6

    Muy útil en momentos de ansiedad o angustia.


     3. Autodiálogo compasivo

    Aprender a hablarnos con amabilidad en lugar de criticarnos.

    • Cambiar el “no puedo” por “estoy intentando”
    • Tratarse como trataríamos a un ser querido

    Fortalece la autoestima y reduce la autoexigencia.


     4. Expresión emocional (teatro, arte, cuerpo)

    Canalizar emociones a través del cuerpo o la creatividad.

    • Dramatizar situaciones
    • Dibujar o pintar emociones
    • Usar el cuerpo para expresar estados internos

    Muy potente para liberar lo que no siempre se puede decir con palabras.


     5. Reencuadre de pensamientos

    Mirar una situación desde otra perspectiva.

    • ¿Qué puedo aprender de esto?
    • ¿Hay otra forma de interpretar lo que pasó?

    No niega el dolor, pero abre posibilidades nuevas.


     6. Apoyo social

    Compartir con otros lo que sentimos.

    • Conversar con alguien de confianza
    • Participar en grupos 

    Sentirse escuchado sana profundamente.


     7. Rituales de cierre

    Especialmente útiles ante pérdidas o etapas que terminan.

    • Encender una vela
    • Escribir y luego quemar un papel
    • Crear un pequeño acto simbólico

    Ayudan a elaborar duelos y dar sentido a lo vivido.


     8. Atención plena (mindfulness)

    Estar presentes en el aquí y ahora.

    • Observar la respiración
    • Conectar con los sentidos
    • Caminar conscientemente

    Reduce la ansiedad y nos ancla al presente.

    ________________________________________________________________________

    Para trabajar con el grupo:

    Cierra los ojos si te sientes cómodo…
    Lleva tu atención a la respiración… sin cambiarla, solo obsérvala.

    Imagina ahora que llevas una mochila…
    Esa mochila representa todo lo que has vivido…
    lo bueno… y también lo que ha dolido.

    Sin apuro, mira qué hay dentro de ella…
    quizás un recuerdo… una pena… una palabra no dicha…
    algo que aún pesa.

    Tómalo suavemente… míralo…
    y pregúntate en silencio:
    ¿quiero seguir cargando esto de la misma manera?

    No se trata de olvidar…
    sino de decidir cómo quiero llevarlo de ahora en adelante.

    Si lo necesitas, puedes dejarlo en el suelo…
    o guardarlo de otra forma… más liviana… más amable contigo.

    Respira…
    y cuando estés listo, vuelve poco a poco al aquí y ahora.


    _______________________________________________________________________________



    “No siempre puedo elegir lo que me pasa, pero sí puedo aprender a elegir cómo lo llevo dentro de mí.”




    ___________________________________________________



    Monólogo: “Lo que no dije”

    (La mujer está de pie o sentada. No mira al público al inicio. Habla como si pensara en voz alta.)

    Dicen que una se acostumbra…
    a callar, a esperar, a dejar pasar.
    Y sí… una se acostumbra.
    Pero hay algo que no se acostumbra nunca.

    (Pausa)

    Había cosas que yo quería decir.
    No eran grandes discursos…
    eran palabras simples…
    de esas que se quedan en la garganta.

    “Ahora no.”
    “Después.”
    “No es el momento.”

    Y el momento… nunca llegó.

    (Mira sus manos)

    Yo pensé que me faltaba carácter.
    Eso me dije muchas veces.
    Que si hubiera sido más fuerte…
    más decidida…
    más… no sé… otra.

    (Pausa breve)

    Pero con los años…
    una empieza a mirar distinto.

    No era tan fácil.
    No estaba sola en ese silencio…
    había voces… muchas voces…
    diciendo cómo debía ser una mujer,
    cómo debía amar,
    cómo debía vivir.

    (Y más suave)

    Y yo… hice lo que pude.

    (Pausa larga)

    A veces me pregunto
    qué habría pasado
    si alguien me hubiera escuchado de verdad.

    (Sonríe levemente, con tristeza)

    Si alguien hubiera dicho:
    “Habla… estoy aquí.”

    (Pausa)

    Hoy ya no puedo volver atrás.
    No puedo cambiar lo que fue…
    ni decir lo que no dije.

    Pero hay algo que sí puedo hacer.

    (Levanta la mirada, por primera vez más firme)

    Puedo escucharme ahora.

    Puedo decir, aunque sea tarde:
    “Esto también era importante.”
    “Esto también era yo.”

    (Respira profundo)

    No fui débil.
    Fui una mujer en un tiempo difícil.
    Fui una mujer que sostuvo…
    más de lo que muchos vieron.

    (Y con suavidad)

    Y aunque haya cosas que duelan…
    mi vida no fue en vano.

    (Pausa final)

    Porque incluso en el silencio…
    había una voz.

    Y esa voz…
    todavía está aquí.


    _______________________________________________________________________

    Otra versión similar:  

    (Una mujer madura está sentada. Tal vez con las manos sobre el regazo. Mira al público… pero no inmediatamente. Hay un pequeño silencio inicial.)

    A cierta edad…
    una deja de apurarse.

    (Pausa)

    Ya no hay tanto que demostrar.
    Ni tanto que esconder.

    (Mira al público, suave)

    Pero hay cosas…
    que vuelven.

    (Pausa breve)

    No hacen ruido.
    No golpean la puerta.

    (Silencio)

    Se sientan aquí…
    (al pecho)
    y esperan.

    (Pausa)

    Yo también tuve cosas que decir.

    (Pequeña sonrisa, casi irónica)

    No eran importantes para el mundo…
    pero lo eran para mí.

    (Pausa)

    “Después…” me decían.
    “Ahora no…”
    “Hay cosas más urgentes…”

    (Y baja la mirada)

    Y una aprende…
    a guardarse.

    (Silencio un poco más largo)

    Durante mucho tiempo pensé
    que me faltó carácter.

    (Levanta la mirada, directa)

    Que si hubiera sido distinta…
    mi vida habría sido otra.

    (Pausa)

    Pero con los años…
    una empieza a entender.

    (No hay enojo, hay claridad)

    No era tan simple.

    Éramos muchas…
    viviendo vidas parecidas.
    Callando cosas parecidas.

    (Suavemente)

    Haciendo lo que se podía.

    (Pausa larga)

    A veces me pregunto…
    (si lo deja caer, casi como un susurro)
    qué habría pasado
    si alguien me hubiera escuchado de verdad.

    (Silencio)

    (Sostiene la mirada al público)

    Si alguien hubiera dicho:
    “Habla… yo te escucho.”

    (Pausa)

    Hoy…
    ya no puedo volver atrás.

    (No hay dramatismo, hay aceptación)

    Pero sí puedo hacer algo.

    (Pausa breve)

    Puedo no seguir callando conmigo misma.

    (Se lleva una mano al pecho, leve)

    Puedo decir:
    “Esto también importaba.”
    “Aunque nadie lo viera.”

    (Respira)

    No fui débil.

    (Firme, pero sin dureza)

    Fui una mujer…
    en el tiempo que me tocó.

    (Pausa)

    Y sostuve.

    (Silencio)

    Sostuve más de lo que se ve.

    (Pausa final, mira al público con calma)

    Y aunque hay cosas que duelen…
    mi vida…

    (Pequeña pausa)

    mi vida sí tuvo sentido.

    (Silencio largo. No se levanta. Solo permanece.)




    Voz: “La que sí escucha”


    (Se escucha. No se ve. Tono sereno, sin grandilocuencia. Más cercano que lejano.)

    (Silencio previo)

    Yo sí te escuché.

    (Pausa)

    Incluso cuando no hablaste…
    incluso cuando pensaste
    que nadie estaba ahí.

    (Pausa suave)

    Escuché lo que guardaste…
    lo que tragaste en silencio…
    lo que dolió sin tener palabras.

    (Pausa)

    No eras débil.

    (Natural, sin énfasis excesivo)

    Eras humana.
    Eras una mujer viviendo
    en el tiempo que te tocó.

    (Pausa)

    Y cada vez que callaste…
    yo supe lo que querías decir.

    (Silencio breve)

    No llegué tarde.

    (Suave)

    He estado siempre.

    (Pausa)

    En lo que diste…
    en lo que sostuviste…
    en cada renuncia que hiciste sin nombre.

    (Pausa más larga)

    Nada de eso se perdió.

    (Nítido, pero cálido)

    Nada.

    (Pausa)

    Tu vida…
    sí tuvo sentido.

    (Y más íntimo)

    Y lo tiene… todavía.

    (Silencio)

    No para cambiar lo que fue…
    sino para abrazarlo
    sin que te rompa.

    (Pausa final)

    Habla…
    si quieres.

    (Pausa)

    Aquí estoy.