Reflexión El Perdón

 El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones






Perdonar es, quizá, uno de los actos más difíciles del ser humano.
No porque no sepamos hacerlo, sino porque muchas veces no queremos soltar el dolor que nos han causado.

Creemos que perdonar es olvidar.
Y no es así.
Olvidar es borrar la memoria; perdonar es sanar la herida.

Perdonar tampoco significa justificar lo que ocurrió.
Ni decir que estuvo bien.
Ni dar la razón a quien nos hizo daño.
Perdonar es otra cosa:
es dejar de cargar con ese peso.

Porque el rencor pesa.
Y pesa mucho.

Se instala en los pensamientos, en el cuerpo, en los recuerdos.
Nos roba la tranquilidad.
Nos amarga lentamente, casi sin darnos cuenta.

A veces creemos que, al no perdonar, castigamos al otro.
Pero no es verdad.
La mayor parte del tiempo, el otro sigue con su vida…
y somos nosotros quienes quedamos atrapados en el pasado.

El resentimiento es como sostener una piedra en la mano esperando que le duela al otro.
Pero el único que se cansa… es uno mismo.

Perdonar es soltar esa piedra.

No es un acto para el otro.
Es un acto para uno mismo.

Es decidir que ya no queremos vivir atados a lo que nos hirió.
Es elegir la paz por sobre la razón.
La calma por sobre la venganza.

Perdonar no ocurre de un día para otro.
Es un proceso.
A veces lento.
A veces doloroso.

Implica mirar la herida, reconocerla, aceptarla…
y, poco a poco, dejar de alimentarla.

Porque cada vez que recordamos con rabia, la herida se abre de nuevo.
Pero cuando comenzamos a soltar, algo en nosotros empieza a aliviarse.

Perdonar no cambia el pasado.
Pero transforma el presente.

Nos devuelve la libertad.
Nos permite volver a confiar.
Nos abre la posibilidad de vivir más livianos.

El perdón no siempre repara la relación con el otro.
Pero siempre repara algo dentro de nosotros.

Y en ese espacio que se libera…
vuelve a crecer la vida.

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El problema del perdón a uno mismo suele ser más difícil que perdonar a otros, porque ahí no hay distancia:
la persona convive todos los días con aquello que siente que “falló”, “hizo mal” o “debió haber hecho distinto”.



Cuando alguien dice “no puedo avanzar porque no me perdono”, en el fondo suele haber:

  • Culpa persistente (“fue mi responsabilidad”)
  • Auto juicio muy duro (“no debí haber sido así”)
  • Vergüenza (“no soy digno/a de estar en paz”)
  • Identificación con el error (“yo soy eso que hice”)

Y ahí está el nudo más importante:


No logran separar lo que hicieron… de lo que son.


 Una idea clave para trabajar con el grupo


“Cometí errores… pero no soy mis errores.”

Porque muchas personas viven como si el pasado fuera una condena,
cuando en realidad debería ser una experiencia integrada, no una cárcel.


 Propuesta sencilla y muy potente para el taller

Te dejo un ejercicio que puede tocar esto sin forzar:

 “Diálogo con uno mismo en el pasado”

Material: una silla vacía

  1. La persona se sienta frente a la silla.
  2. Imagina que ahí está “su yo del pasado” (el que cometió el error).
  3. Primero habla desde el presente:
    • “Esto es lo que me dolió…”
    • “Esto es lo que no he podido soltar…”
  4. Luego cambia de silla y responde como ese “yo del pasado”:
    • ¿Qué sentía en ese momento?
    • ¿Qué necesitaba?
    • ¿Qué no sabía aún?
  5. Vuelve a su lugar original y cierra con una frase:
    • “Hoy elijo…”
    • “Hoy entiendo que…”
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Videos de interés


1_        Que es el perdón

2_        Jesús y el perdón








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